Durante los últimos años se ha multiplicado en nuestros lineales y establecimientos de hostelería la presencia de un buen número de bebidas categorizadas como “rosé”. Así, a los tradicionales vinos rosados de cualquiera de nuestras denominaciones de origen o a los importados de países como Francia e Italia, se les han sumado ahora cervezas, sidras, vermouths o ginebras rosadas, quizá impulsados por el éxito de ventas que la diferenciación cromática proporciona a estas bebidas.
descubre todo sobre la sidra rosa
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Ante la prevención por parte de algunos consumidores hacia toda esta gama de bebidas rosadas, creemos necesario romper una lanza en pos de la diversidad, poniendo de manifiesto las razones de ser y la autenticidad de muchos de estos productos, que sin lugar a dudas van más allá de una simple cuestión de marketing.
Y es que cuando optamos por tomar cualquier bebida diferente del agua lo hacemos buscando un disfrute sensorial, un placer para los sentidos que abarca no solo el gusto (acidez, dulzor, amargor o salado) sino también el olfato (notas afrutadas, especiadas, herbales, florales…), el tacto (suave, astringente, seco, más o menos denso o carbonatado…) y por qué no, también la vista.
Por ello, bebidas con un característico color rosado nos llaman la atención, despertando nuestra curiosidad e invitándonos a su prueba. Repetir o no será ya cuestión de gustos personales.
Centrándonos en lo que hoy nos ocupa, la sidra rosada, surge la inevitable pregunta: ¿Qué hace que esta bebida tenga ese color? Aunque la respuesta variará para cada producto en concreto, las sidras rosé tradicionales deben este color a su elaboración a partir de variedades de manzanas cuya carne tiene un color rojizo, por ejemplo la Rouge Délice, la Geneva, la Dolgo, o incluso alguna más habitual de nuestras fruterías como la Pink Lady. Este color se transmite al mosto y se conserva durante la fermentación, dando lugar a un líquido final que puede ir desde el rosa pálido a un rojo rubí de gran intensidad.
Sin embargo hay otras formas de obtener estas sidras rosadas como pueden ser la adición durante el proceso de pieles de manzana de color rojizo, pieles de uva o directamente la pulpa de frutos rojos como la fresa o la cereza.

Con independencia de que se elaboren de una u otra forma, las sidras rosadas suelen presentar bastantes rasgos comunes en cuanto a la organolepsia: un contenido alcohólico moderado por debajo del 5%, un perfil también moderado de acidez en boca, y una sensación de dulzor gracias a sus notas afrutadas. Esa acidez junto con la buena carbonatación que las caracteriza nos proporciona un frescor a cada trago que hace de ellas una excelente compañía para aperitivos, entrantes y pescados blancos.
Si tienes un paladar abierto y te apetece empezar a explorar esta categoría, aquí te dejamos dos opciones que encontrarás en nuestros lineales:
- El Gaitero Rosé (4,1%) > la versión rosada de esta marca tradicional de sidra asturiana
- Ladrón de manzanas Cider Red Berries (4,5%) > con adición de zumo de frutos rojos que potencia el toque rosé ofreciendo un perfil algo más dulce.
¡Salud!